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viernes, 11 de febrero de 2011

un fluido de... ideas? expresión? libertad? dragón?



El silencio, cuando habla, es aún más omnipresente, que la palabra cuando muere. La muerte de una palabra, sin embargo, siempre me ha dejado un muy mal sabor de boca.

Y después de todo, afligida como estoy, tengo la incesante sensación de que "este dragón" que llevo dentro, no es capaz sino de maullar como un gato.

Escamas doradas y azules, encerradas en un cuerpo celeste como el mío, fugaz como la estrella de oriente; eterno como el pecado.

Y un silencio que embarga cada palabra, con el sencillo trinar de un pájaro y la fechoría de una bondad exquisita que no hace sino repartir pan a quien quiere agua.

Una extraña quietud, y una manifestación interna que realza cada uno de mis movimientos, siempre arduos.

La extraña presencia de la carencia de saber o no saber, según el contexto, de decir y no decir absolutamente nada.

La manifestación de los nuevos ideales, de los brotes de una semilla de tomate que da frutos en un corazón algo blanqueado (rojo, blanco; blanco, rojo).

Y después el grito ahogado; del dragón o la persona (yo ya no sé), que incesantemente busca su estilo, pero que de una u otra forma, crea palabras tercas y enturbiadas por un sentimiento u otro un tanto ajeno al real latido de mi huerta-corazón.

Dragón chino (he decidido que sea chino), ruge, maúlla, silva... haz lo que soberanamente desees hacer, pero nunca, (y escúchame bien) nunca, olvides que dentro de mí, lo que tu eres es un dragón.

Así que a ti, a mi alma.