jueves, 30 de agosto de 2018

Me gusta...

She'll start speaking for you
and oh
how she loves to lie
(i'm fine is her favorite)*

Me gusta el café frío muy azucarado. Me gustan los pies fríos envueltos en mantitas calientes. Me gusta la intimidad de la risa. Me gustan los viajes largos y los cortos y los momentos perdidos pero importantes. Me gusta el olor del mar pero no el salitre adherido a mi pelo. Me gustan los largos paseos agarrados de la mano y los segundos que se congelan cuando nos miramos. Me gusta leer para perderme... y para encontrarme. Me gusta el tacto y el olor de un libro nuevo. Me gustan las parejas que se quieren con la mirada y no soporto a las que dicen quererse con los ojos vacíos. Me gusta el agua cayendo por mi espalda, fría, caliente... Me gustan los poemas que no entiendo y los que me sacan una sonrisa. Me gusta retener momentos en mi retina y guardarlos para siempre en el alma. Me gustan los chicles que saben a fresa y los helados que saben a dulzura (y dulzor). Me gusta ir descalza por casa y desnuda y valiente. Me gustan los amigos que se quedan y también los que se van, pero no soporto a los que no sé si están, se van o son amigos. Me gustan las conversaciones interminables a oscuras cuando lo menos importante de todo es decir: te quiero. Me gusta decir te quiero. Me gustan los momentos importantes en mi vida, mis micro-momentos que nadie entiende. Me gusta mirarme al espejo y verme cómo soy... aunque a veces no me reconozca. Me gusta...

M
 e
  
   g
    u
     s
      t
       a
   
         r
          e
            t
             o
              m
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                        v
                         u
                          e
                           l
                            o
                           
                              cuando caigo.



La emperatriz de los sueños

*Estracto de poema de Bridgett Devoue: "Ella empezará a hablar por ti, y oh! cómo le gusta mentir (estoy bien es su mentira favorita)

jueves, 21 de junio de 2018

Básicamente






Alguien me dijo una vez que yo era la chica más guapa, divertida e inteligente que había conocido. También me dijeron -y no precisamente la misma persona- que aunque yo tendía a contemplarme en blanco y negro lo que le gustaba de mí era el espectro de colores que veía cuando me miraba. Que yo era una persona llena de colores.

Es triste pensar que somos tan imbéciles como para no darnos cuenta de que cada uno es especial por ser quién es. Todos, también yo, cometemos errores. A veces tan garrafales que por mucho que intentemos arreglarlos, no parecen tener arreglo. Las personas a veces tampoco...¿o sí?

Estoy convencida de que, sea quien seas, has pensado alguna vez en lo roto que estás y en la poca solución que tienes. Si te das cuenta, es un pensamiento estúpido porque:
-¡ey!, no eres un objeto y tampoco eres un error garrafal. Eres una persona con colores y llena de matices.


Desgraciadamente, nos han contado muchas veces la misma historia. Esa en la que "no eres capaz", en la que "no eres guapo" ni "listo", en la que "vas a fracasar" y de tanto repetirnos la misma historia, hemos terminado por creérnosla. ¿Recordáis el cuento del pastor mentiroso? "Que viene el lobo" decía, y finalmente cuando la historia era cierta y el lobo aparecía no había absolutamente nadie que creyese su historia.
Por extraño que parezca, esa es la historia de muchos de nosotros. Esa es mi historia. Me he creído tantas y tantas veces las mentiras que me han contado que han terminado por ser mi profecía autocumplida. Ahora soy "fea", a veces "tonta", casi siempre "insegura" y sobre todo "incapaz de hacer las cosas que mejor se me dan".

No es fácil aceptar que todo lo que te has llegado a decir es mentira. Y, lo siento, pero tampoco es fácil empezar a creer en ti mismo. Esto no es la panacea, no existen trucos infalibles que te digan qué hacer. La vida es ensayo y error.

Me voy a permitir una frikada -que no licencia- creativa. La vida es como las cajas problemas de Thorndike: hay que probar cosas nuevas hasta dar con la fórmula que te saque del agujero. Lo gracioso del asunto es que una vez aprendemos a salir del atolladero podemos acomodarnos... pero no importa, porque cuando surja un nuevo problema, habrá que volver al ensayo y error.
La vida es así, y eso mola.


P.D: Esto también es un ensayo, pero estoy convencida de que no es un error.

Yo

jueves, 24 de mayo de 2018

LO SIENTO.
NO PUEDO.
TENGO UN BLANCO VACÍO EN EL ALMA. Y EL BLANCO ASUSTA

martes, 29 de noviembre de 2016

Una buena vida



Hoy un grupo al que he descubierto recientemente y al que cada vez escucho con más asiduidad, ha contestado a las preguntas que le hice. He empezado a colaborar, de momento mínimamente en un blog sobre música, tema del que no controlo en absoluto.
Lo impresionante de todo este asunto es lo feliz que me ha hecho recibir respuesta de una banda de raw metal que admiro y lo unida que me he sentido a esos músicos que no paran de girar al rededor del mundo.

Hace apenas un año me encontraba sumida en una depresión profunda. Si hago memoria no recuerdo un momento tan crítico en mi vida desde los doce años, en los que sufrí vejaciones de las que no voy a hablar porque no vienen a cuento. El caso es que en mi profunda melancolía me he llegado a sentir tan perdida y ajena a mí misma que incluso he creído perder la cordura.
Recuerdo haber pronunciado una de las frases que más miedo me dan y que más daño pueden hacer a una de las personas que más quiero en el mundo. No os podéis hacer idea de lo duro que es dudar incluso de aquellos a los que quieres simplemente porque no eres capaz de ser tú mismo. Perderse a uno mismo es incluso más difícil que perder a alguien a quien quieres.

Desde el momento en el que planteé en voz alta aquella cuestión, me di cuenta de que tenía que hacer un cambio significativo en mi vida o sino me volvería totalmente loca. Pensar que puedas perder la cabeza es tan estúpido como escalofriante. Pero en ese momento me sentía así, con ganas de llorar en todo momento y esas lágrimas que se convertían en vómito. Como la cabra tira al monte, me puse en lo peor y ya no podía salir de ahí. Mi vida era un fracaso. Yo era un fracaso.

Cuando te propones buscar una solución y tomar de una jodida vez las riendas de tu vida, te das cuenta de que tienes el poder para materializar cualquier cosa. Actualmente vuelvo a ser yo, a sentirme dueña de mi misma.



Una segunda frase que me marcó muchísimo fue cuando entre lágrimas me atreví a confesar en voz alta que volvía a sentirme yo misma. Fue un momento de toma de conciencia de tu propio ser realmente revelador. Así era yo en ese momento: insegura, llena de miedos, con un futuro incierto, una familia que le quería, una persona con la que quería compartir mi vida, ningún proyecto y ganas de seguir moviéndose. Así era YO. Era YO. YO. Fue una revelación aplastante y liberadora.

Este año he tratado de poner orden en mi vida y me he dado cuenta de que las mejores decisiones las he tomado sin pensar. Pensar está sobre valorado y es, al menos en ocasiones, una auténtica pérdida de tiempo. Una cosa es reflexionar sobre cómo economizar gastos y otra en cómo economizar una vida. La vida es para vivirla y no para andar rindiendo cuentas.

Con los 20 años me he dado cuenta que es mucho más fácil amargarse porque cada vez tenemos más preocupaciones. Si me pongo catastrofista y me dedico a pensar en cómo seré a los 30 a los 40 a los 50 y así sucesivamente me voy a encontrar perdida en un mar de incógnitas. Lo importante es intentar disfrutar todo lo que se pueda, vivir ilusionándose cada día e intentar dejar que las cosas fluyan.

Hoy un grupo de música al que admiro muchísimo se ha tomado la molestia de contestar a las preguntas que les hice por correo. RavenEye ha tenido los santos huevos de contestar a las preguntas que les hice y me siento halagada como fan y como periodista. Hasta hace muy poquito no me he querido llamar periodista porque me he pasado tres años renegando de la carrera que he elegido. Cada vez es más difícil posicionarse en este campo, pero creo que si lo miro con perspectiva, no podría haber tomado una decisión mejor.No podría haberlo hecho de otra forma. Por supuesto que hay cosas que no me gustan y asignaturas que considero una auténtica inutilidad. Por supuesto que me pone nerviosa entrevistar a personas a las que admiro o que tienen un cargo importante. Pero creo que muy pocas veces me he sentido tan realizada como en este momento.

Me dedico a dejar las horas libres pasar. A mirar la pantalla de mi móvil y esperar las respuestas que tardan en llegar. A leer libros en el autobús, cuando no me quedo dormida. A ir a las prácticas que me han hecho conocer a más de una persona especial y que me han acercado a la música. Las prácticas que me han descubierto grupos a los que ahora escucho, admiro y entrevisto. A ir a las clases de ruso en las que tan perdida estoy pero que tanto disfruto. Al voluntariado donde me tienen explotada pero que me reconforta cada vez que uno de mis niños me dice que soy la pera. A las clases que le daba a un chaval con déficit de atención e hiperactividad que ahora es como mi hermanito. A estar con mis amigos. A estar con mi familia. A estar con mi pareja. A reír. A no dejar de preguntarme cosas.

Hoy estoy muy contenta porque me han pasado cosas buenas. Creo que es de las pocas veces que algo bueno me incita a escribir, que es mi eterno hobbie olvidado. Siempre alego que es más fácil escribir las penas, y lo es, por eso me siento tan contenta de haberlo hecho estando feliz.

No sé como despedirme, así que no lo hago o lo hago en ruso. до свидания (dasbidania)

La emperatriz de los sueños

domingo, 7 de febrero de 2016

Es curioso


Siento un nudo en la garganta y noto como le cuesta pasar a la saliva. El corazón me late a mil por hora y mis dedos, inseguros, están temblando. Quizá exagero, pero apostaría que tengo miedo. No paro de equivocarme mientras tecleo y eso casi me asusta.
Siento que me ahogo cuando escribo.
Me tengo que recordar que me hace falta respirar: Inspirar, expirar, inspirar... coger aire y soltarlo. Parece como si ya no fuese capaz de coger las palabras y soltarlas en el papel. Parece que ahora sólo las desparramo. Ya no tienen sentido.

Tengo miedo de fracasar también en esto.
Como si hubiese fracasado en todos los aspectos de mi vida, aunque sepa que no lo he hecho. No he fracasado en mi relación, ni con mis amigos, tampoco con mi familia. No he fracasado con la carrera, ni con el trabajo, ni con el voluntariado. Estoy aprendiendo cosas nuevas lentamente, pero tengo miedo de olvidar las viejas.

Siento que ya no me conozco y que tengo que aprender a conocerme de nuevo.
Siento envidia del mundo interior de las personas a las que valoro, y añoro cuando mi mundo interior era tan grande que se me desbordaba por los poros de la piel. En algún momento del camino, sin embargo, mi mundo privado se ha vuelto privado incluso para mí. Parece como si algunas corazas hubiesen sustituido a otras y siento que hace falta algo, un empujoncito, quizá de mi parte, para echar esos muros abajo. A lo mejor la ayuda y el apoyo que estoy buscando nacen dentro de mí.

Pienso que no sé lo que estoy pensando, pero que sea como sea, fuera como fuere, ya no tiemblo. Mientras tecleo, ahora sí, me embarga una paz interior que me hace feliz. Quizá porque por un momento no busco la belleza y simplemente me he detenido a escuchar. A escucharme.
Es curioso lo que vas aprendiendo caminando. Es curioso que no haya otra manera de aprender.

La emperatriz de los sueños

jueves, 18 de junio de 2015

No era más...

Me he enamorado demasiado de esta imagen


No eran más que mares de tinta, y océanos, que se derramaban por dentro. Calles desiertas mal iluminadas a la una de la madrugada.
Un aguijonazo en el pecho, que clamaba justicia. Una chispa de duda, terror e inseguridad.

Era un hambre que devoraba por dentro. Que hacía temblar, llorar. Que desmembraba al hambriento.

No eran más que pensamientos fugaces que se arremolinaban en las fauces de la angustia. Eran tiempos difíciles que parecían no terminar nunca. También eran las charlas internas; esos debates en lo que las culpas siempre eran del que hacía las preguntas. No era nada más que un leve temor que poco a poco se hacía más grande.

Era un niño hambriento que se agazapaba en un rincón oscuro de la plaza del pueblo. Era enclenque, pero estaba sano. Era insano pensar que en algún momento llegaría a crecer si no moría antes. Era triste pensar que tal vez viviese dentro de sí para siempre.

No era más que una infección de estómago que iba devorando las tripas. No era más que un miedo fehaciente. Nada más que una pesadilla fugaz. Nada más que unos celos insanos, por perder a una persona que no sabía querer bien pero que quería tanto.

No era más que el eco de un amor que dolía fuerte en el pecho.

***

No estoy segura de si esto debería ponerlo aquí o en "escarcha en la mirada" porque no es en primera persona, sino en tercera.

Bueno, no importa.

La emperatriz de los sueños