Mostrando entradas con la etiqueta miedos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miedos. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de febrero de 2016

Es curioso


Siento un nudo en la garganta y noto como le cuesta pasar a la saliva. El corazón me late a mil por hora y mis dedos, inseguros, están temblando. Quizá exagero, pero apostaría que tengo miedo. No paro de equivocarme mientras tecleo y eso casi me asusta.
Siento que me ahogo cuando escribo.
Me tengo que recordar que me hace falta respirar: Inspirar, expirar, inspirar... coger aire y soltarlo. Parece como si ya no fuese capaz de coger las palabras y soltarlas en el papel. Parece que ahora sólo las desparramo. Ya no tienen sentido.

Tengo miedo de fracasar también en esto.
Como si hubiese fracasado en todos los aspectos de mi vida, aunque sepa que no lo he hecho. No he fracasado en mi relación, ni con mis amigos, tampoco con mi familia. No he fracasado con la carrera, ni con el trabajo, ni con el voluntariado. Estoy aprendiendo cosas nuevas lentamente, pero tengo miedo de olvidar las viejas.

Siento que ya no me conozco y que tengo que aprender a conocerme de nuevo.
Siento envidia del mundo interior de las personas a las que valoro, y añoro cuando mi mundo interior era tan grande que se me desbordaba por los poros de la piel. En algún momento del camino, sin embargo, mi mundo privado se ha vuelto privado incluso para mí. Parece como si algunas corazas hubiesen sustituido a otras y siento que hace falta algo, un empujoncito, quizá de mi parte, para echar esos muros abajo. A lo mejor la ayuda y el apoyo que estoy buscando nacen dentro de mí.

Pienso que no sé lo que estoy pensando, pero que sea como sea, fuera como fuere, ya no tiemblo. Mientras tecleo, ahora sí, me embarga una paz interior que me hace feliz. Quizá porque por un momento no busco la belleza y simplemente me he detenido a escuchar. A escucharme.
Es curioso lo que vas aprendiendo caminando. Es curioso que no haya otra manera de aprender.

La emperatriz de los sueños

miércoles, 18 de abril de 2012

Pretextos


No sé para que me engaño... para qué son las excusas o qué pretendo al pretender, quizá simplemente tenga miedo o sea una excusa más para no admitir que he crecido o que estoy en ello.
Que me niego a ver las cosas porque, a lo mejor, después me da miedo el mundo real. Porque no sé dejar(te) que me quieran, aunque consiga hacerme querer.
Las putas excusas y los exquisitos engaños se quedan colgados de tu sonrisa y yo soy la misma tonta que "ni contigo ni sin ti"
La que tira y no afloja y la que da vueltas en círculos porque no sabe a donde espera llegar.

Tengo miedo de darme cuenta de que un día no estarás y miedo, quizá, de saber que puede que aún hoy sigas estando ahí.
Busco pretextos que me cobijen y no me pongan demasiado triste, pintarme una sonrisa con el pintalabios que descansa sobre una cómoda dormida, y agarrarme fuerte a la almohada cada vez que me descubro sonriendo(te).
Tomar un respiro cada vez que entre risas y lágrimas la vida se me pasa volando, con la compañía de esa persona especial (que siempre ha estado ahí. Sin excepciones. La chica de los labios rojos, mi niña (que poco te agradezco todas tus imperfecciones que te hacen única), mi hermana y mi pequeño gran mundo) descansando en mi cama junto a mí, respiración contra respiración (y algún jadeo que se escapa después de alguna que otra locura o baile frenético a ritmo de canción desafinada). No preocuparme porque sé que tú, querida, no entiendes nada y eso me hace bien.

Volver siempre a él como el río va a la mar o como la sombra sigue a su amo.
"Reducirme al polvo de tu sombra" y pensar que a lo mejor el viento me llevará contigo.
Creer que estoy total y absurdamente enamorada de ti, y descubrir al día siguiente, que es todo tan imposible y tan estúpidamente inconcluso, tan absurdamente perfecto, que no puede ser. Descubrir al día siguiente que no te quiero.

Quererte sin querer y no querer quererte.

Me vuelves tan eficazmente escurridiza y enfermizamente dependiente que no sé como escapar a ese depredador que yo solita me he buscado.
Encontrar pretextos (siempre excusas, mentiras mal formuladas y palabras a medias) para fingir que tu sonrisa no me hace feliz y encontrar razones para entender porque no sé como definir esto que siento. Me enajeno solo con pensarte, pensar en lo que podría ser si no fuésemos tú y yo. Si fueses tú y no fuese yo.

...Porque la pieza de este rompecabezas que no encaja soy yo... y eso después de todo, quizá sea lo más absurdo y doloroso de todo

La emperatriz de los sueños

martes, 3 de abril de 2012

... (II)


Voy a tomarme un minuto para distanciarme de ti y hacer caso de aquellos que me dicen que hablarte no tiene porque ser terriblemente malo, aunque siga siendo tremendamente injusto.
A fin de cuentas, recuerdo, que la primera vez (a finales de octubre del 2009) que escribí en la blogosfera, lo hice entre lágrimas.
Estaba asustada, confusa, con un dolor inaguantable en el pecho, llena de impotencia y con ganas de maldecir al amor por ser tan destructivo, tan veraz... por ser esa fiera que yace dentro de cada uno de nosotros y que resurge para desgarrarnos y anidar en nosotros, el sentimiento de desesperanza mezcla de la agonía de seguir alimentando una esperanza casi exangüe.

Han pasado tres años pero sigo siendo la misma estúpida que con un par de años más, y una ínfima experiencia sobre la espalda, reta a la vida y siempre siente que acaba perdiendo.
La misma que llora de debilidad o porque se siente cansada.
La que nunca encuentra respuestas y siempre deja el tiempo pasar, como una cobarde, para asegurarse de que las aguas están más calmadas.
La misma que habla de amor, sin, probablemente, saber lo que es. La criticona, la que busca explicaciones, la que desiste, la que se cansa, la que patalea y se cree más lista de lo que realmente es.

Esa era y sigo siendo yo, con una figura más moldeada, una sonrisa con un hoyuelo a estrenar (signo inequívoco de las alegrías que me separan de aquella idiota de antaño) y dudas nuevas. Con pretextos y argucias para escaquearse de pensar en lo que de verdad me asusta... la misma que evade la realidad con sueños absurdos.

Por eso, creo que no puede ser un pecado retomarte como mi salvoconducto, sin importarme el echo de saltarme mis propias promesas, de herir mi propio orgullo y decepcionar a todo aquel que pueda estar leyéndome. Creo que con el tiempo (y he necesitado de más de un buen consejo) he aprendido a saltarme mis propias normas, y hacer lo que necesito.
Y hoy, necesito hablar de él.

Porque, no quiero seguir engañándome más, quizá esto me ayude a aclararme (si es que verdaderamente hay algo que aclarar) y pueda, al ponerlo sobre papel (mojado) entrever todo aquello que se me escapa, aunque siendo sincera, dudo que esto ocurra. Sea como fuere, prefiero olvidarme de mis borradores, y hablar de todas esas veces en las que dudo de todo cuanto a ocurrido.
Algunos lo saben, no tantos como merecerían saberlo, pero sí los suficientes como para poder sentir que no estoy estrictamente enajenada y que aún conservo parte de mi cordura (aunque cada vez más recóndita), ellos, quizá los únicos que, saben de este mar de emociones, de este sinsentido en el que estoy viviendo últimamente.
He leído todos esos borradores que por miedo, por orgullo (ahora herido) y demás pretextos inútiles nunca verán la luz, y he descubierto, no sin cierta congoja que todas y cada una de las líneas allí guarecidas hablan de él.

Soy la pescadilla que se muerde la cola, ahora lo entiendo. Voy dando tumbos, y ando en círculos buscando explicaciones a preguntas aún sin formular. ¿Porqué cuando me digno a acertar con una pregunta, la respuesta me evade y porque cuando doy con una respuesta, más o menos convincente, el universo se alinea para, compinchado, cambiarme las preguntas? Soy un bucle de tiempo infinito que transcurre en los diez segundo que dura la musiquita de fondo en una tragaperras (de tragar perras ando yo harta, entre otras cosas)

Pero que se le va a hacer... tampoco tengo definiciones ni palabras que buscar.
Espero encontrar respuestas sin formular preguntar y preguntar sin buscar respuesta. Espero encontrarme a mi misma en el camino de la duda, porque, inconscientemente me he ido perdiendo y disfrutar pronto de todo lo que hay a mi alrededor que no es poco. Mientras, recurriré a mi frase fetiche de cobardica emperrada en hacer de la vida un mundo casi sencillo: "Tiempo al tiempo"

Ahora no puedo evitar alegrarme de saber que mañana, al fin, es miércoles y que nos volveremos a ver. Creo que eso me pone contenta, lo que, no evita se desaten emociones contradictorias y sentimientos adversos, cómplices de mi (ese ya idolatrado) delirio... pero bueno, creo que ahora mismo eso tampoco me importa... tiempo al tiempo, el consuelo de los tontos (sí,sí equiliquá)

La emperatriz de los sueños (enredos)

viernes, 3 de febrero de 2012

Tum-tum...


Cuando pienso en ti no puedo evitar pensar en miedo.
En todas las sensaciones que me recorren cuando tú estás aquí y en tu ausencia. Miedo, de sentir que me estoy volviendo loca, y esta vez es literalmente.

Ya no hablo de miedos a media, ni de tintas (a tientas) enteras, hablo de que no entiendo absolutamente nada que no sea tu idioma, y mis absurdos latidos (y la hipertesión, que también me anega) que no me dejan ni respirar sin sentir exactamente esto, que me estoy enloqueciendo. No, ni siquiera entiendo tu idioma, simplemente ya no entiendo nada. Me dominas, me embotas, me aturullas y me reduces... y ya no sé si es que todo esto viene tan deprisa o soy yo la que necesita tanto tiempo.
Entiendo, que me haces sentir tan especial, que asustarse es necesario, pero... ¿Puedo seguir siendo la niña que he sido hasta ahora, mientras poco a poco me vas convirtiendo en una persona casi adulta? o¿ necesito aprender a andar entre tus brazos para crecerme a tu lado?

Da igual como sean las cosas, escribirte me hace bien, aunque me persuade de que en realidad sí, tengo muchísima razón, te has adaptado perfectamente a las cuatro esquinas de mi mente circular.
Aunque ahora también le he cogido miedo (miedo a escribir); miedo a querer conjugar el verbo querer sin quererlo en realidad, porque... últimamente pienso dispar, y me acaba llevando a ti.
Supongo que se me ha olvidado como era, o quizá, que hasta ahora no había pensado así. Y es que, la vida da muchas vueltas,recorre muchos caminos en círculos, pero... sea como fuere, todos los caminos me llevan a ti (digo a Roma)

Y es que (sé que ya lo he dicho) pero no puedo evitar sentir, que cada vez que pienso en tenerte junto a mi, se me erizan los bellos, y las piel se me pone de gallina. Y siempre, casi sin excepciones, siempre que pienso en ése beso, no puedo dejar de sentir que mi corazón late mucho más deprisa de lo que yo jamás creí posible.
Y el calor me embarga, me arden las mejillas, y despierto febril sabiendo que pronto estaré tan serena o tan inquieta, que casi me dará un tumbo el corazón, pero que estaré contigo. Y es que es así de simple (simplemente complejo), estar contigo me asusta y sin embargo (me empiezo a dar cuenta) de que tampoco quiero estar sin ti.

Así que... ¿improvisamos?


domingo, 23 de enero de 2011

cuatro puntos suspensivos



Existe la posibilidad de acunar una capa fina de lágrimas justo antes de llegar al parpado cerrado. Es curioso, esas lágrimas no caen, se quedan contenidas y te forman un nudo en la garganta, que va desgarrándote cuál animal herido sin piel.

Hoy no hay luna, aunque con los ojos cerrados y una fina capa contenida, no podría divisar luna alguna aunque en el cielo estuviese.

Tengo un nudo en la garganta, que va carcomiendo parte de mí, que secuestra mis timbres y no hace si no aumentar mis dudas, mis ganas de "mandarlo todo a freír espárragos" de dar media vuelta y largarme; y perdona: si te he visto no me acuerdo.

Hoy me he quedado ciega, no puedo ver la luna.

Ayer vi a una persona, parecía un fantasma. Sus ojos, grises o azules (nunca he sabido cómo definirlos) parecían mirarme ávidos de una parte de mí que yo en su día ya le había otorgado. Pero el fantasma no me miraba, miraba poco más allá de su nariz, como siempre había echo.

¿Qué nos separo? ¿Qué hizo que murieses?

Y a pesar de todo yo aún puedo verte, entre la gente, siempre resplandeciente, observando con tu mirada felina. Siempre me asustas. O quizá lo que me asuste es el reflejo de nuestro pasado, ¿porqué después de tanto tiempo aún me rondas?

Tengo un nudo en la garganta; no puedo hablar. Por fortuna aún puedo escribir. No pasa nada si se quiebra la voz, ¿pero que ocurre cuando se quiebra el alma?, mi alma está en pedacitos porque le falta el engranaje principal. Me duele el alma. ¿Es eso posible?

Cuando cierras los párpados y una fina capa inunda tus ojos, las lágrimas no caen. Hasta que llega un momento en el que las lágrimas cobran vida y entonces comienzas a llorar con el alma henchida. Las cosas siempre caen por la fuerza de su propio peso.

La emperatriz de los sueños

lunes, 17 de enero de 2011

distancias infinitas



Lo que se pierde llega un día, tarde o temprano, que vuelve a encontrarse.

La vida da muchas vueltas, y esta, no es para nada la primera vez que hablo sobre ello, como sé tampoco será la última. Mi vida ha dado un giro bastante inesperado, y de una forma u otra me ha cambiado. Mi futuro se acerca, y eso se nota; pero hoy no tengo ganas de hablar del mañana, ni del qué pasará, de mis proyectos futuros o de mis problemas, quiero pensar en hoy.

Alguien dijo una vez, que tendemos a olvidar las pequeñas alegrías en busca de la gran felicidad. Aquella persona debía de ser alguien realmente sabio, sin embargo, añadiría, que son esas pequeñas alegrías el verdadero secreto de la gran felicidad.

En el camino de la vida, encontramos un montón de decorado, que nosotros, como personas capaces que somos, decidimos utilizar o no; ya se sabe... cada uno juega con las cartas que le tocan.
Yo tengo una buena baraja, que voy a aprovechar según crea yo conveniente, pero no desearía, que mis decisiones, sean cuales sean, me las echen después en cara, porque a fin de cuentas es lo que la gente hace.

Hoy me siento feliz, pero esta entrada me deja un sabor demasiado insípido, y esa sensación me provoca un vacío que ya no sé como llenar, sólo espero que seas tú quien lo llene, allá donde estés.
Pero el tiempo se hace largo, muy largo en noches como esta, y ya sabes que yo no soy precisamente una persona paciente; pero toca esperar.
Te esperaré ya lo sabes, mientras tanto no es un secreto que serás tú quién inunde mis sueños, con miles de rostros, miles de voces, pero siempre con un mismo corazón que me pertenece.
Me gusta escribirte, me hace sentirte cerca, como si de algún modo, mis palabras pudiesen unirnos, aunque no sea así.
Constantemente evito pensarte, no por miedo, no me malinterpretes, más bien por codicia. Si te pienso me pierdo, me pierdo en ti y en una tristeza en la que la soledad me embarga, y eso me duele. Tengo miedo, como todos, yo de no encontrarte; de que mis palabras se queden sólo en palabras, sólo en sueños; que no pueda construir la vida que yo tanto anhelo, porque dime... ¿cómo construirla si me falta el pilar, si me faltas tu?.

A ti, que ya no se quien eres, si mi día de hoy, mi futuro, mi presente, mi amor, mi amigo, mi soledad, mi risa, mi llanto... a ti te escribo estas confusas líneas, que han comenzado siendo un triste alarde de buen día y de haber encontrado algo que creí perdido y han terminado por convertirse en un acercamiento entre dos almas que viven en mundos paralelos, en distancias infinitas.
Hoy te dedico, sin saber a quien dedicárselo, un alarido de calma y vacío que lleno gritando.

La emperatriz de los sueños

lunes, 6 de diciembre de 2010

el hoy del pasado




Hoy el mundo parece hecho para escribir sobre el pasado; recordar y que duela ese recuerdo. ¡Qué cruel está hoy el mundo, qué cruel y cuan lastimero! Hoy cada palabra que he leído, cada frase que he escuchado, cada verso... es pasado, un pasado que parece doler, arder en la piel, helar... demasiadas contradicciones al mismo tiempo, demasiadas...

Hoy me pregunto, porqué es más sencillo recordar el ayer que pensar en el mañana, ¿será tal vez porque los recuerdos nos pagan las noches en vela?, ¿será porque en el fondo nos gusta autocompadecernos y creer que somos ínfimos?, ¿será quizá porque es más sencillo, aferrarse a lo malo conocido que a lo malo por conocer?

Hoy allá donde miro se hace mención al pasado, el de uno o el de otro, y esos pasados, siempre son males de amor. ¿No hay acaso otro motivo por el que llorar o reír que no sea el amor?¿porqué se escribió amar y amargura con las mismas primeras letras?

Hoy hay demasiadas similitudes en las vidas de muchos, desde "Cumbres Borrascosas" hasta las palabras de dos blogeros.

Mi vida hoy no tiene límite. No lo tuvo en su pasado, ni en el más tortuoso ni en el más apacible y cálido, como tampoco tiene a día de hoy límites. Mi vida es mañana, y no tengo miedo a imaginarme un futuro, válgame si después no se cumple, pero al menos que no haya sido por no insistir con suficiencia. Los sueños no se alcanzan de un hoy a un mañana, todo hay que labrarlo con esmero y dedicación, como una planta: hay que hablarle, sentirla... Incluso los recuerdos han de ser labrados con esmero, para que no duelan, para que no nos torturen, para que sólo sean fantasmas que vengan a nosotros bajo nuestra mención.

No quiero limitarme a escudriñarme bajo la sombra de un árbol bajo el que ya me cobijé, quiero explorar y encontrar nuevos refugios, enfrentarme a diferentes tormentas y lidiar con mil vivencias más, y simplemente : ¡Qué la suerte ayude a quien prefiera vivir en el ayer, sin contar con el mañana próximo!

La emperatriz de los sueños :)

martes, 27 de julio de 2010

Palabras huecas y yo




Estoy leyendo un libro. Es algo más que un libro, no me salen las palabras. Ese libro es sueños.

Me hace pensar si en el fondo mi sueño es real o ficticio, si es un jardín sin flores o un jardín artificial, quizá no sea ni un jardín. Mi vida es sueña, él es mi vida, yo vivo por y para él, él es mi sueño.

Sin embargo nadie comprende nada. No sé si es que yo no me explico, que nadie me escucha o que simplemente no soy nadie, no soy lo suficientemente importante para saber explicarme y para ser escuchada.

Mis padres no me conocen y eso me da miedo, muchísimo miedo. Lo extraño es que acabo de darme cuenta, de que temo a cosas tan inverosímiles cómo ésa.
Ellos no entienden, porque yo no hablo. Cuando hablo no soy yo, no soy mis sentimientos, soy mis palabras y mis palabras no dicen lo que mis sentimientos plasman, en absoluto, más bien al contrario, mis palabras lo enturbian todo, lo lían, lo estropean, mis palabras no lidian con mis ideas.

Mis palabras son huecas, carentes de mí, porque nadie es capaz de escucharme mientras me miran a los ojos. La gente, la gente importante para mí, no es capaz de mirarme y preguntarme, ¿porqué?, simplemente se conforman diciéndose "no sabes nada".

Pero en el fondo, yo no soy un sin fin de comentarios absurdos sobre temas banales cómo la decadencia del sentido en los adolescentes, yo soy más de lo que mis palabras dicen, yo soy lo que escribo aquí. Porque yo soy la emperatriz de los sueños

La emperatriz de los sueños