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domingo, 12 de diciembre de 2010

Princesas



Cuando era pequeña siempre sabía lo que quería, hacía una lista larguísima y después seleccionaba con cuidado todos esos pequeños tesoros que yo deseaba con más fuerza y cariño obtener.
Siempre sabía qué quería, aún sin saber porqué, y después de todo llegaba navidad y bajo el árbol estaban esos pequeños tesoros.
Hoy creo que sé porque, había ilusión, por la vida, no sólo por la navidad, por las cosas, por ver mundo, por hacer cosas nuevas, por sentirse más mayor.
Cómo siendo pequeña, cuando aún no sabía ni leer ni escribir. Recuerdo que me pasaba las horas pintando, una princesa un corazón y un príncipe, un dibujo siempre similar que tras de sí tenía una larga historia, siempre nueva. Incluso cuando no sabía escribir, creaba historias, de amores y princesas, un amor que iba dibujándose en un papel y se sellaba con un corazoncito de color carmesí.

Cuando crecemos todo se va al garete, se pierde la ilusión por todo y se dejan de pintar estupideces y se vive el día a día, que resulta ser de lo más estúpido.

Hoy no he tenido buen día, como tampoco lo tuve el viernes, estoy desilusionada y con ganas de mandarlo todo a tomar vientos. Pero... a pesar de todo, sigo teniendo ilusión, aunque ya no pinte princesitas (más que nada porque no es algo que me guste , ya que no soy demasiado diestra en ello) sigo creyendo en las historias que ya antaño, con cinco años creaba, y que hoy en día una década después sigo creando y creyendo.

Y algún día, quién sabe, tal vez el príncipe llegue, aunque yo no sea el estereotipo de princesa común. No me canso de decirlo, todo cabe en un quizá... tiempo al tiempo

La emperatriz de los sueños

martes, 3 de agosto de 2010

Mi fe, mi Dios


En realidad odio la religión.

Podéis pensar que soy cínica, estúpida e ingrata, pero lo cierto es que si Dios existiese no habría semejantes problemas morales y éticos.
La quema de brujas, la homosexualidad como enfermedad... si Dios nos creó a todos a su imagen y semejanza, porqué después ocurrieron semejantes barbaridades. Si Dios es nuestro padre, entonces ¿porqué mataron y rechazaron a sus hijos?.
¿Si Dios es amor, porque hubo (y hay) tanto odio y muerte en su nombre?.
Si Dios existe ¿porque no acaba con esto de una vez y demuestra su existencia? ¿Porqué el todo poderoso no usa ése poder?.

Hace poco un amigo me pregunto si estaba enfermo por ser homosexual.
Le pregunté porque decía eso, ¿sabéis lo que contestó?:
-Lo dice la religión.

¿Es eso el amor? no, no lo es.

No conozco lo que se escribió en la Biblia ya que nunca la he leído, tampoco pretendo leerla.
Sé que Dios es la esperanza del creer, sé que es la luz en el camino de muchos ya que no tienen por que o por quien guiarse, Dios es la esperanza de los perdidos. Lo sé, pero es insustancial.

Llamarme hipócrita, ingenua o desagradecida pero mi fe no está en Dios. Dios nunca me ha dado ése amor que tan descaradamente promulga, sin embargo mi familia, mis amigos...
ellos son mis Dioses, mi esperanza... mi amor

Creo en la fe, no en Dios; creo en la paz, no en la guerra; creo en ellos, no en él.

Ellos son mi fe, mi paz...

Gracias a todos mis amigos y familia. Os quiero!

La emperatriz de los sueños

lunes, 2 de agosto de 2010

A veces...


A veces vale con una decisión acertada o equivocada para cambiar las cosas.
Otras veces, da igual lo que ocurra, las cosas no cambian. Hay veces en que las cosas son tan fuertes e importantes, que un error u otro no no hace cambiar el transcurso de las cosas, no importa los palos que des o recibas, importa que sea superable.

No puedes echar por la borda, lo que poco a poco has construido por un mal día, un error o un mal entendido.
A veces simplemente las cosas son cuestión de creer en ellas.

Las cosas que no se ven son las que más se sienten,al menos eso es lo que la experiencia me dice .

El sentimiento más fuerte que puede experimentarse es el del amor.

Quiero a mis amigos, con una fuerza y voluntad que ni ellos mismos podrían imaginar, los quiero en lo bueno y en lo malo, con los pros y contras de quererles.
Quiero a mi familia, con la voluntad férrea de una niña que necesita ése amor, con la ilusión y esperanza que me unen a él, mi amor verdadero, con la misma fuerza, confianza y lealtad. Los amo.
Y después está él.
El sentimiento más fuerte de todos ellos, no porque sea más importante, si no por el hecho de que amarle no sea algo sustancial, que me base en ésa insustancialidad para amarle. Lo amo y no puedo evitar sentir, que en alguna parte, sea donde sea está él.

No importa que ocurra, a veces simplemente para que las cosas funcionen hace falta fe.
Tiempo al tiempo...

La emperatriz de los sueños